Publicado por Hospital Juan Cardona el 28 de agosto de 2019 9:00:00 CEST

Respirar es lo primero que hacemos al nacer. En cuanto cortan el cordón umbilical, el bebé llena sus pulmones de aire por vez primera para poder sobrevivir. Sin embargo, el hecho de hacerlo de manera automática no garantiza que lo estemos haciendo bien y obteniendo todos los beneficios de una respiración adecuada. Respirar bien es una asignatura pendiente en la mayor parte del mundo occidental.

Beneficios de una respiración correcta:

  • Reducción del esfuerzo del corazón y la tensión arterial, mejora de la circulación sanguínea y disminución del riesgo de padecer enfermedades cardiacas.
  • Incremento del número de glóbulos rojos, generando mayor oxigenación y cantidad de sangre, que ayuda a eliminar más fácilmente las toxinas de nuestro cuerpo.
  • Aumento de la capacidad del organismo de asimilar y digerir los alimentos, mejora del tránsito gastrointestinal y un óptimo funcionamiento de los órganos abdominales debido a los movimientos masajeantes del diafragma durante la respiración.
  • Mayor rejuvenecimiento de las glándulas y de la piel.
  • Mejora del funcionamiento del sistema nervioso parasimpático: los latidos se reducen y los músculos se relajan. Todo ello se traduce en una buena actividad cerebral y mental, que repercute en nuestro estado de ánimo.
  • Mejora de la elasticidad de los pulmones, que se vigorizan y se fortalecen, aumentando su capacidad potencial y resistencia ante el esfuerzo.
  • El adecuado suministro de oxígeno ayuda a quemar más fácilmente las grasas, y proporciona un correcto nivel de alimento a los tejidos y glándulas.

Problemas derivados de una respiración incorrecta:

  • Disminución de la capacidad pulmonar y torácica, reducción de la circulación sanguínea, pérdida de calor corporal y sobresfuerzo del corazón para enviar oxígeno.
  • Resequedad en la boca, falta de oxigenación y acumulación de toxinas.
  • Digestión pesada e irregular por problemas a la hora de hacer el metabolismo.
  • Reducción de la regeneración de células y glándulas: envejecimiento prematuro.
  • Deterioro del estado del sistema nervioso e inmunológico.
  • Sensación de cansancio, fatiga, ansiedad, ahogo y malestar general. El cerebro es el órgano que consume más oxígeno, por ello una mala respiración puede ocasionar dolor de cabeza, somnolencia, aparición de pensamientos negativos o depresión.

Aprender a respirar:

Practicar la respiración consciente durante un rato cada día nos ayudará no sólo a adquirir unos hábitos  de respiración más sanos, sino también a estar más relajados, optimistas y felices en nuestro día a día. Dedique unos 15 minutos diarios a realizar estos ejercicios y pronto observará los cambios.

Es aconsejable realizarlos de pie o sentados con la espalda recta:

  • Inspiración: el aire entra lentamente en los pulmones hasta alcanzar su máximo.
  • Retención: el aire se mantiene unos segundos para que las células se oxigenen.
  • Espiración: se expele lentamente el aire inspirado, que lleva consigo el dióxido de carbono y el resto de partículas de deshecho liberadas por las células y la sangre.
  • Descanso: los músculos y el aparato respiratorio quedan relajados durante unos segundos, antes de volver a iniciar el siguiente ciclo respiratorio.

Los distintos ritmos en los que pueden ejecutarse estas fases dependerán del efecto que queramos conseguir. Un ritmo normal tonificante consistiría en segundos de inspiración, 4 de retención, 8 de espiración y 4 de descanso. Al comienzo de la práctica de la “respiración consciente” estos tiempos pueden resultar difíciles. Por eso, resulta conveniente empezar por ritmos de 6:3:6:3.

Siguiendo la misma pauta de la respiración rítmica consciente, las fases de inspiración y espiración deben durar lo mismo, mientras que las de retención y descanso serán la mitad que las anteriores. Una fórmula adecuada para la relajación sería 2:1:2:1.