Publicado por Hospital Juan Cardona el 24 de julio de 2019 12:40:00 CEST

Las pruebas de detección se realizan como parte del proceso de determinar la presencia de cáncer o precáncer en las personas que no presentan ningún síntoma de la enfermedad. Las pruebas de detección del cáncer colorrectal que se hacen regularmente son una de las armas más poderosas para prevenir este cáncer.
Desde el momento en que las primeras células anormales comienzan a crecer para convertirse en pólipos, usualmente transcurren aproximadamente de 10 a 15 años para que éstas se transformen en cáncer. La mayoría de los pólipos se pueden descubrir con pruebas de detección de forma periódica y se pueden extirpar antes de que tengan la oportunidad de convertirse en cáncer.

Las pruebas de detección también pueden encontrarlo en sus etapas iniciales, cuando es altamente curable. Se recomienda que las pruebas de detección se inicien a los 50 años para las personas que no están en mayor riesgo.

1.- Peso corporal, actividad física y alimentación. 

Por ahora, la mejor recomendación sobre la alimentación y actividad física para una posible reducción del riesgo de cáncer colorrectal consiste en:

  • Evitar la obesidad y el aumento de peso alrededor de la sección media del cuerpo.
  • Aumentar la intensidad y cantidad de su actividad física
  • Limitar el consumo de carnes rojas y procesadas
  • Comer más frutas y verduras
  • Obtener los niveles recomendados de calcio y vitamina D
  • Evitar el consumo excesivo de alcohol
2.- No fume. 

El hábito de fumar por un tiempo prolongado está relacionado con un mayor riesgo de cáncer  y problemas de salud.

3.- Vitaminas, calcio y magnesio 

Algunos estudios indican que, si se toma diariamente un complejo multivitamínico que contenga ácido fólico o folato, se puede reducir el riesgo de padecer cáncer colorrectal. Sin embargo, no todos los estudios indican esto. De hecho, algunos estudios han sugerido que el ácido fólico podría contribuir al crecimiento de tumores existentes. Aún se necesita realizar más investigación al respecto.

Por otro lado, algunos estudios han sugerido que la vitamina D (la cual se puede obtener mediante la exposición al sol, ciertos alimentos o mediante una pastilla de vitamina) puede reducir el riesgo.

Otros estudios indican que el aumento de la ingestión de calcio podría reducir el riesgo. El calcio es importante por varias razones de salud además de los posibles efectos en el riesgo de cáncer. Pero debido al posible aumento del riesgo de cáncer de próstata entre hombres con un consumo alto de calcio, la Sociedad Americana Contra El Cáncer no recomienda aumentar el consumo de calcio específicamente con la intención de reducir el riesgo de cáncer colorrectal.

La vitamina D y el calcio podrían funcionar juntos para reducir el riesgo, ya que la vitamina D ayuda a que el cuerpo absorba el calcio. Aun así, no todos los estudios han encontrado que los complementos de estos nutrientes reduzcan el riesgo.

Varios estudios han encontrado una posible asociación entre una alimentación alta en magnesio y un riesgo reducido de cáncer, especialmente en mujeres. Se necesitan más investigaciones para determinar si este vínculo existe.

4.- Medicamentos antiinflamatorios no esteroideos. 

Muchos estudios han encontrado que las personas que toman regularmente aspirina u otros medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, tales como ibuprofeno y naproxeno, tienen menos riesgo de padecer cáncer y pólipos.  Otros estudios más contundentes han proporcionado evidencia de que la aspirina puede ayudar a prevenir el crecimiento de pólipos en las personas que recibieron tratamiento para el cáncer  en etapas tempranas o a quienes se les extirparon pólipos.

Sin embargo, pueden causar efectos secundarios que pueden ser graves o atentar contra la vida, tal como sangrado debido a la irritación del estómago, lo que puede superar los beneficios de estos medicamentos en la población general.

5.- Terapia de reemplazo hormonal para mujeres.

Tomar estrógeno y progesterona después de la menopausia (lo que a veces se le llama terapia hormonal en la menopausia o terapia de restitución hormonal combinada) puede reducir el riesgo de una mujer de padecer cáncer , aunque los cánceres descubiertos en las mujeres que reciben estas hormonas después de la menopausia pueden estar en una etapa más avanzada.

Además, tomar estrógeno y progesterona después de la menopausia reduce el riesgo de osteoporosis (pérdida de densidad en los huesos), pero también puede aumentar el riesgo de enfermedad cardiaca, coágulos sanguíneos, y cánceres de seno y pulmón en la mujer.

Si usted está considerando utilizar la terapia hormonal en la menopausia, asegúrese de consultar con su médico sobre las ventajas y las desventajas.